Mahón: Todo a dos minutos

Hablar de Mahón o Mo, como es pronunciado por muchos de sus habitantes, es hablar de su majestuoso puerto,  la segunda dársena natural más importante del mundo. De hecho, su geolocalización estratégica en el Mediterráneo occidental lo convirtió en el pasado en objeto de deseo por parte de romanos,  vándalos, musulmanes, los propios españoles, además de ingleses y franceses.

 

En las aguas del puerto merece especialmente la pena la visita de la Mola, una fortaleza mandada construir a mediados del Siglo XIX por la reina Isabel II de España y que durante gran parte del siglo pasado se usó como prisión. La Isla del Lazareto, antigua instalación destinada al control sanitario de embarcaciones mediante la cuarentena y declarada Bien de Interés Cultural en 1993, así como la Isla del Rey, la primera tierra menorquina que pisó el rey Alfonso III cuando llegó a Menorca en 1287 para liberarla del dominio musulmán en el que se encontraba entonces, tampoco pueden faltar en el listado de visitas.

Ya dentro de la ciudad, el Puente de San Roque, en la plaza Bastió, saluda a los visitantes como el último vestigio de la que fuera la muralla medieval que delimitaba el perímetro del núcleo antiguo de la población. A tan solo dos minutos del citado puente, los amantes de la cultura están de enhorabuena pues pueden disfrutar con el teatro de ópera más antiguo de España, el Teatre Principal, construido en 1829. Y a otros dos minutos caminando puede uno relajarse degustando la exquisita gastronomía local en el Mercat del Peix.

 

Aunque no puedes dejar Mahón sin contemplar la joya de la corona de una isla que ostenta el título de Reserva de Biosfera desde 1993. Nos referimos al parque natural de la Albufera des Grau, enclave de ensueño en el que puedes encontrar una gran variedad de ecosistemas, entre los que destaca la posidonia, una alga marina cuya presencia por toda Menorca revela su calidad medioambiental.